Francamente, querida, me importa un bledo: origen de la famosa frase

El temor a la censura

En el año 1939, la película «Lo que el viento se llevó» se convirtió en un fenómeno cinematográfico y cultural. Sin embargo, antes de su estreno, el productor David O. Selznick se enfrentó a un gran dilema: una de las frases más icónicas de la película podría ser censurada.

David O. Selznick busca alternativas

La frase en cuestión es «Frankly, my dear, I don’t give a damn» (Francamente, querida, me importa un bledo), pronunciada por el personaje de Rhett Butler, interpretado por Clark Gable. Selznick sabía que la palabra «damn» (maldición) podría ser considerada ofensiva y censurada por la Oficina de Producción de Guerra (OPG), que supervisaba la producción de películas en ese momento.

Ante este temor, Selznick decidió buscar alternativas para evitar cualquier problema con la censura. Sabía que la frase era crucial para el desarrollo del personaje de Rhett Butler y para transmitir su actitud indiferente y desapegada. Por lo tanto, encontrar una solución era fundamental.

Riesgo de inclusión en la película

La inclusión de la frase original en la película implicaba un riesgo importante. Si la OPG consideraba que era inapropiada o ofensiva, podrían exigir su eliminación o incluso prohibir la película por completo. Esto significaría un gran golpe para Selznick y para todo el equipo de producción.

Además, la película estaba basada en una novela del mismo nombre escrita por Margaret Mitchell, y Selznick quería mantener la fidelidad al material original. Cambiar la frase icónica podría afectar la integridad de la historia y la esencia del personaje de Rhett Butler.

Adaptación de la frase original

La frase original en inglés

La frase original en inglés, «Frankly, my dear, I don’t give a damn», se había convertido en un símbolo de indiferencia y desapego. Era una expresión contundente y directa que transmitía la actitud de Rhett Butler hacia Scarlett O’Hara, interpretada por Vivien Leigh.

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La palabra «damn» era considerada vulgar y ofensiva en ese momento, por lo que Selznick sabía que debía encontrar una alternativa que mantuviera el espíritu de la frase original sin ser censurada.

Consideración de alternativas

Ante la posibilidad de que la frase original fuera censurada, Selznick consideró diferentes alternativas. Una de ellas fue cambiar la palabra «damn» por «darn» (maldición), una versión más suave y aceptable para la censura.

Otra opción que se planteó fue reemplazar la frase por «simplemente no me importa» o «me deja frío». Estas alternativas transmitían la misma idea de indiferencia, pero sin utilizar palabras consideradas ofensivas.

Decisión final

Mantenimiento de la frase original

A pesar de las alternativas consideradas, David O. Selznick tomó una decisión audaz: mantener la frase original en la película. Aunque esto implicaba un riesgo de censura, Selznick creía firmemente en la importancia de preservar la integridad de la historia y el personaje de Rhett Butler.

Finalmente, la Oficina de Producción de Guerra permitió que la frase se mantuviera en la película, aunque con la condición de que se pagara una multa de $5,000 dólares. Esta fue una suma considerable en ese momento, pero Selznick estaba dispuesto a asumir el costo para preservar la esencia de la película.

La frase «Frankly, my dear, I don’t give a damn» se convirtió en una de las más famosas de la historia del cine y ha perdurado en la memoria colectiva. A pesar de los temores y riesgos, la decisión de mantener la frase original resultó ser acertada y contribuyó al éxito y la trascendencia de «Lo que el viento se llevó».

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La famosa frase «Francamente, querida, me importa un bledo» tuvo un origen marcado por el temor a la censura y la búsqueda de alternativas. Afortunadamente, David O. Selznick decidió mantener la frase original en la película, lo que contribuyó a su impacto y legado en la historia del cine.

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