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XENOBIOLOGÍA. La xenobiología o astrobiología es una rama multidisciplinar de la ciencia interesada en las posibilidades de vida extraterrestre y su localización. Por descontado, su uso en el contexto de la pintura de Aurelio es metafórico, igual que el hecho de hablar de un “universo aureliano”; pero no resulta del todo inoportuno, dadas sus aficiones científicas y, sobre todo, la poderosa evocación de otros mundos y extrañas formas de vida que suscita la parte más personal de su obra.

Etimológicamente, “xenobiología” alude a formas de vida “foráneas” o “extranjeras”. Según eso, y en puridad, es un término que no responde a la génesis de la pintura aureliana, una pintura “cerebral”, “de ideas”, que proviene del interior de su mente. Pero, a ojos del espectador, lo que presenta de hecho en muchas ocasiones son imágenes ajenas a la realidad común que, en culturas o épocas distintas quizá se hubiesen relacionado con cielos o infiernos, alucinaciones, profecías o visiones místicas, pero que en este tiempo nos resulta más fácil concebir como mundos otros y seres alienígenas. En todo caso, no es ocioso considerar hasta qué punto la mente –sobre todo, una tan imaginativa como la de Aurelio– no es otro mundo, un mundo dentro del mundo, poblado por seres que se nos presentan con nitidez, verosimilitud y mayor permanencia y objetividad que las alucinaciones.

En su versión más audaz y personal, la obra aureliana es un vasto atlas de estos panoramas y un catálogo de sus moradores. Esta “xenobiología” pintada incluye formas más o menos humanoides (Lunares, 1932*; Payaso, 1938*; Hora del tedio, 1939; Tarde del jueves, 1944*; Doña Media Luna, 1945); seres inspirados en distintos órdenes zoológicos (Destino, 1930*; Amorimorfus al relente, 1955; Doña Mosca Verde, 1978*; 834. Moluscos, 1949; Concha de fussus, 1959; 1941. Rostropecius, 1959); organismos de aspecto geométrico (Esferoides, 1941; Aureliocromía, 2300/2399; 2762. Infantilismo aureliense, 1967; 3716. Artefacto geométrico, 1988; 3868. Vuelta al ayer, 1991); entidades botánicas (Escampó, 1934*; Amador de flores, 1952; Floripano, 1958; 1584. Flores oculares, 1953; Floraurelio, 2900/2999) o seres amorfos (Doña Media Luna, 1945; Algo busca que no encuentra, 1976*; Tres filósofos ante un huevo, 1943). Todas esas referencias se potencian mediante su imaginativa combinación en las hibridaciones y quimeras, tan características del Aurelio más poético o satírico, además de sus miradas hacia lo microscópico o visceral (Hipercloridia, 1930*; Autocerebro, 1930*; Micromundi, 1954*; Reposo digestivo, 1982*). Series como Mundo onírico, 3500/3599 compendian todas estas variantes biologicistas de la imaginación aureliana con sus barrocos apilamientos de seres vivos en figuras, arquitecturas y paisajes.

 

Juan Carlos Gea Martín