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WORK IN PROGRESS. Aunque es posible que Aurelio desconociese la expresión inglesa work in progress (aproximadamente “trabajo en marcha” o “trabajo en curso”) y su significado en términos artísticos, la suya se revela, finalmente, como una obra que responde plenamente a lo que con ella se suele designar: un proceso de trabajo creativo abierto, inacabado y posiblemente inacabable en el que la dimensión temporal cobra tanta importancia como cualquier otro elemento conceptual o formal. En Aurelio existe un método claro, una planificación rigurosa de la tarea artística, una disciplina y unos procedimientos estables y casi invariables; pero no hay un término definido para todo ese sistema salvo el garantizar que se puede seguir pintando; lo que, en este caso, significa ir volcando día a día sobre el papel o el lienzo los productos de una imaginación permanentemente excitada por la experiencia cotidiana.

Pero no basta con eso. Lo que define la pintura de Aurelio como work in progress es su consideración de conjunto y el modo en que esa perspectiva le añade un valor peculiar como proyecto y como proceso. Los elementos de concepción global y método de desarrollo, seriación de obras y variación sobre una serie de motivos y técnicas; los factores de tiempo y desarrollo; la importancia de la clasificación de las obras y la apertura del programa, tienen al menos tanto peso en el trabajo de Aurelio como los parámetros internos que definen cada obra individual. No es imprescindible que él lo viese necesariamente así, aunque sin duda fue consciente del efecto global que producía con su trabajo y del peculiar plus estético que ese efecto podía añadir, y de hecho añade a su pintura. Todos esos factores por así decir externos agregan a las obras individuales, vistas en relación con otras series evidentes o soterradas, nuevos significados y valores que bien podrían ser descritos como sistémicos o emergentes en el sentido habitual de estos términos: cualidades que no se hallan en las partes, pero sí en su conjunción, formando un todo.

No es lo mismo, ni produce la misma respuesta estética, contemplar individualmente alguno de los mejores bocetos de, pongamos por caso, la serie Mundo onírico, 3500/3599, que revisar la serie completa percibiendo los ritmos, insistencias y variaciones, y a través de ellos también el fuerte matiz de obsesión y de obstinación que destila. Ni es lo mismo ceñirse a esta serie concreta que percibir de modo transversal, a lo largo y ancho de varias otras series, el modo en el que Aurelio se enfrenta una y otra vez a temas idénticos (la muerte, el erotismo, el sueño, el tiempo), a iconografías recurrentes (la mujer, el esqueleto, los edificios, el mar, las quimeras) y a técnicas diferentes pero muy restringidas (la línea, la trama, la aguada, el tratamiento de la perspectiva o del espacio), con la sensación de que la continuidad que va uniendo a lo largo del tiempo de la creación todas esas líneas de conexión es la continuidad abierta e incierta de la vida misma del autor.

En este sentido, el “trabajo en marcha” aureliano es ante todo una plasmación del modo inextricable en el que se anudaron en Aurelio vida y obra, en un ciclo que se retroalimentó de modo permanente. No es tanto la obra de una vida (que lo es, en el sentido puramente acumulativo), ya que esta expresión suele aplicarse a un proyecto definido no solo en su desarrollo sino también en su conclusión; se trata de la vida de una obra que es, a su vez, la vida misma de su autor, como dos metabolismos interconectados.

 

Juan Carlos Gea Martín