Textos

Elucidario de Aurelio Suárez

Un pintor tan sistemático como fue Aurelio Suárez propicia los juegos de ordenaciones de su obra en relación con algunos motivos recurrentes o bien, como en este caso, para recrear una libre interpretación de su creación. Asombra, en efecto, la inagotable variedad de su inventiva y, al propio tiempo, la marcada personalidad de esa creación multiforme. Justamente este libro pone de manifiesto la diversidad no ya de estilos o de asuntos que abordó el artista, sino también la variedad de técnicas y soportes que utilizó. Algunas exposiciones y numerosas publicaciones promovidas en los últimos años por su hijo, Gonzalo Suárez, han dejado ver esa riqueza que ahora aparece aquí con nueva plenitud. Pues no solo se incluyen los óleos sobre lienzo y los gouaches sobre papel que el público interesado conoce desde la fundación del Museo de Bellas Artes de Asturias, donde puede verse una buena representación del artista, sino también los llamados “bocetos”; las maderas talladas y pintadas; las cerámicas, tanto los platos que decoraba para la fábrica gijonesa Telenti, como los azulejos pintados; los objetos de metal transformados y pintados, glosados en la publicación Chatarraurelio, y aquellos otros recogidos de la naturaleza y modificados por el artista, singularmente las piedras por él pintadas; los muebles, perforados, grabados o pintados; los libros, tan importantes y próximos a su espíritu, con encuadernaciones pintadas; las felicitaciones realizadas sobre sus propios catálogos como soportes y hasta los marcapáginas y separadores de libros; las misteriosas cajas, en fin, y los recipientes de cristal, expresivos ambos del gusto por lo interior, ya sea oculto, ya visible.

La reunión de todas estas producciones permite reconstruir el mundo de Aurelio Suárez de un modo más amplio que si se considera solo su pintura. De esta manera puede entenderse mejor el esfuerzo que el artista realizaba para formar un microcosmos ordenado y espontáneo al tiempo, que se relacionaba en su vida con la proximidad diaria a la Naturaleza y la Música. En las excursiones solitarias en prolongadas caminatas al campo o a las playas cercanas a la ciudad el artista extraía un caudal inagotable de sugestiones a partir de una profunda capacidad de observación que reparaba en aspectos inesperados. También la música, a la que dedicaba horas, temperaba su espíritu en el modo creativo que dejan ver sus obras.

En estas, a pesar de su variedad, es cierto que predomina la pintura. El propio Aurelio ofrecía algunas guías para recorrerla y, seguramente, interpretarla, a través del establecimiento de series anuales que compartían estilo o, más bien, modo, humor y asuntos. Estas series, que solían ser de doce óleos cuando, a partir de finales de la década de 1930 comenzó a dedicarse a esta técnica, y los gouaches, a veces también de doce unidades, se complementaban con otras más amplias, de hasta un centenar de lo que llamaba “bocetos”, en realidad gouaches o dibujos a tinta de pequeño formato, en los que se advertía con mayor claridad el propósito lúdico inherente a una variación extendida a lo largo de muchas obras, cien, y la superación de las dificultades para evitar las repeticiones. Es seguro, en un aficionado a la música como era Aurelio Suárez, que el propósito de la creación a partir de un tema con variaciones le complaciera mucho, pues durante años fue construyendo estos conjuntos de “bocetos” que, como divertimentos llenos de seriedad, glosaban con humor algunos hallazgos que exploraba en sus obras de mayor tamaño. Por ello, con muy buen criterio se ha recurrido en este libro a dos “bocetos”, expresivos de esa condición experimental, para ilustrar la cubierta y la sobrecubierta del libro. Además en ambos casos, respectivamente Peces aurelienses, de 1959, y Peces, de 1956, se trata de un motivo íntimamente asociado al artista. El propio artista recurrió a imágenes de peces para las cubiertas de varios de sus libros. Y no solo asumió ese ictiomorfismo como asunto de numerosas obras, sino que la figura del pez acompaña a la grafía de la firma de sus obras desde, aproximadamente, sus gouaches de 1927. El pez, que nada en el seno del agua, es, en su cambiante recorrido, una metáfora de la libertad del artista, cualidad que para Aurelio era principal. Es también el símbolo del inconsciente profundo, que proporcionó al pintor la inspiración más fértil de su arte. Y lo es también de la cualidad psíquica, del alma; por ello, y porque sus letras aludían a Cristo, los primeros cristianos lo utilizaron como símbolo sagrado. Así, le sirvió al artista con toda propiedad para ilustrar la encuadernación más creativa que seguramente se haya hecho del catecismo del Padre Gaspar Astete, publicado en 1940 por el Secretariado Diocesano de Oviedo. Le valió asimismo para formar la cubierta de otra encuadernación, los Elementos de perspectiva de José Pérez Jiménez, profesor de la Escuela de Artes Aplicadas y Oficios Artísticos de Oviedo, donde la posible aridez geométrica del tema quedaba enmascarada por una interpretación muy libre, completamente opuesta al tema, de la cubierta y contracubierta, ambas basadas en la bidimensionalidad del pez en su fluido. También, de un modo amplio, en la madera en que dos peces flanquean, de modo heráldico, el rostro sonriente de un sol, sometidos a una geometría y a un color plano que hace pensar en la potencia simbólica del universalismo constructivo de Torres García. De modo muy distinto y con cierto hermetismo, el azulejo con el lema “En nada creo / De todo me río nos presenta a una figura que lleva a cuestas un pez. Pero asimismo aparece el pez único, esta vez en una caja que lo limita, en Ostración triqueter, de 1948, y peces con figuras, como los agresivos Ictiófagos, de 1944, en uno de los momentos más expresionistas del pintor.

Muchas otras obras del artista revelan su fascinación por otros habitantes del mar y su ribera, las conchas, que recogía en las playas, y los moluscos. Como otros objetos, son puntos de partida para configurar un ámbito pictórico muy diferente a la realidad. Así, en Moluscos, de 1949, hay una evocación de las playas primigenias, habitadas solo por organismos elementales, que también se ve en la despojada Atracción, lienzo de 1951, y en la Concha de fussus, de 1959. Esta fascinación por lo originario le llevó al artista a una serie pintada en 1980 que pude conocer casi entera, pues me la mostró él mismo, que tituló Geologismo, y esa inspiración late también en el libro que dedicó a los Elementos de geología de Charles Lyell. Era admirable advertir cómo en las pequeñas dimensiones de los cien bocetos se ponía en pie un cosmos aún despoblado de seres, variado y dotado de un movimiento interno, hasta el punto de que, a través de las obras de la serie, contempladas de modo sucesivo, se hacía visible la idea de morfogénesis, inherente a la formación de la Tierra aludida en el título.

Pero más a menudo el artista mostraba en su obra una cercanía con el reino animal que le llevó a menudo a combinar los tipos humanos con los animales, o viceversa. Esa zoomorfia se ve en Rostropecius (¡otra vez el pez!), de 1959, y Homoelefas, de 1960, títulos que evocan con humor las clasificaciones de las ciencias naturales aplicadas a la comprensión profunda del ser. Y la capacidad de transformación de una forma en otra, a veces perteneciente a otro reino de la naturaleza, tan característica de algunos pintores surrealistas como Max Ernst, que expuso, como el propio Aurelio, en el Museo de Arte Moderno de Madrid antes de la Guerra Civil, comparece en alguna de sus mejores obras, como el lienzo Entre dos días, de 1952, donde esa metamorfosis ocurre en el espacio comprendido entre los dos horizontes superpuestos de la composición; espacio temporal imaginario entre los dos días a que alude el título.

El formato de los “bocetos” era apropiado para plasmar tipos humanos, uno en cada obra, que forman un repertorio de marcado humor, como se ve en los pintados en 1957, Pepito, Doña Honesta Pérez, Don Pintorino Pincel, o en el muy satírico Tiralevitas, de 1946. Son como figuras de naipes o de un tarot con una fuerte carga simbólica. La antigua dedicación al dibujo de humor del artista reaparecía aquí de un modo mucho más hermético y original, más visible aún en óleos como Homofloris hórridus, de 1954.

Al recordar de nuevo al artista y su especial mirada sobre la creación puede uno imaginar sus obras reunidas y explicadas. Este libro, con la variedad de técnicas y de motivos que en él comparecen, cuya riqueza iconográfica resulta desbordante, contribuirá sin duda a ello.

 

Javier Barón Thaidigsmann

 

 

 

 

Aurelio Suárez, de la A a la Z

“Frente a la inextricable incoherencia del mundo, se tratará entonces de llevar a cabo un programa en su totalidad, sin duda limitado, pero entero, intacto, irreductible. En otros términos, Bartlebooth decidió un día que toda su existencia quedara organizada en torno a un proyecto cuya necesidad arbitraria tuviera en sí misma su propia finalidad”.

Georges Perec / La vida instrucciones de uso

 

“I was the world in which I walked, and what I saw

Or heard or felt came not but from myself;

And there I found myself more truly and more strange”.

Wallace Stevens / Tea at the Palaz of Hoon

 

Cualquier enciclopedia es, por definición, un proyecto incompleto, tan ambicioso como frustrado. Y esta no es una excepción. O, para ser exactos (y un poco más humildes), no lo sería de tratarse de una verdadera enciclopedia. Es, en realidad, un compendio alfabéticamente ordenado de textos sobre el pintor gijonés Aurelio Suárez (1910-2003) y la obra que dejó tras de sí: uno de los legados más insólitos, fascinantes y aún en buena parte desconocidos del arte español del siglo XX.

Sin embargo, sus entradas vienen a completar un trabajo aún más truncado, que se inició en el suplemento sabatino Más Gijón del diario asturiano La Nueva España el 10 de abril de 2008, y que se interrumpió el 9 de mayo del año siguiente. La idea, sugerida por el hijo del pintor, Gonzalo, era aprovechar el formato periodístico para trazar en forma de diccionario un mapa básico con el que adentrarse por primera vez en una obra bien conocida y altamente apreciada entre una pequeña legión de iniciados, pero que solo después del fallecimiento de su autor había empezado a airearse ante el gran público. Esa misma fórmula de divulgación había tenido, por cierto, una primera y muy útil anticipación en las 52 entradas alfabéticamente seriadas de la Aproximación al pintor Aurelio Suárez escritas por Gabino Busto Hevia para el catálogo de la espléndida exposición en la galería Vértice de Oviedo entre diciembre de 2005 y enero de 2006.

Para nombrar el proyecto decidí echar mano de uno de los juegos predilectos de Aurelio en sus títulos: el uso de su propio nombre de pila como raíz de neologismos de aire culto o paródico en forma de palabra compuesta. El agregado de “Aurelio” a “diccionario”, “guía” o “glosario”, términos quizás más adecuados técnicamente, sonaba francamente espantoso, así que se impuso con cierta rapidez la eufonía de “aureliopedia”, un término que, además de mantener el significado de “compendio en orden alfabético”, sugería un concepto distinto e igualmente oportuno: el de una paideia aureliana, una primera aproximación pedagógica a todo lo que cabía en el vasto círculo (enkyklios) de lo que su propio forjador llamó aurelianismo.

Otra razón para la elección de Aureliopedia tuvo que ver con una afinidad mucho más sutil y profunda. Como cualquiera relacionada con los conceptos de totalidad, orden, compilación, colección, la idea de “enciclopedia” resulta singularmente congruente con Aurelio, su talante, su forma de ver el mundo, sus principios, su conducta y, muy específicamente, la estructura de su obra. También hubiesen valido los de atlas –terrestre o celeste–, taxonomía, catálogo, anatomía, índice, biblioteca, museo, tesoro, o incluso los de lapidario, bestiario o herbario, pensando en algunos de sus temas más estimados... pero sin la ordenación alfabética que hace tan accesible y atractivo, y al mismo tiempo tan cómodo y tan neutro para el compilador, ese método de ordenación. La Aureliopedia echó a andar sin dilación, hasta que la desaparición del suplemento que la contenía hizo encallar el proyecto a la altura de “Literatura”; pero tanto a Gonzalo Suárez como a mí nos quedó el prurito de llegar hasta “Zoología”, y la convicción de que merecía la pena intentarlo. Lo hacemos ahora, rebasadas ya las efemérides del centenario aureliano, que nos hizo estar centrados en otras guerras, y del décimo aniversario del fallecimiento del pintor.

Así que, incluso siendo un proyecto tan extensible como cualquier otra enciclopedia, respecto a su primera y truncada “edición”, estas páginas encierran la conclusión de un proyecto... y también su ampliación. Manteniendo su espíritu divulgativo y organizado, va más allá de su antecesora. Por fortuna, el afán didáctico que la inspiraba ha prosperado en los últimos años en paralelo con la divulgación de la obra del pintor de manera que, siquiera en su tierra, Aurelio ya no es un artista secreto, aunque siga y vaya a seguir siendo un artista definitivamente raro en el sentido más estadístico (y más apreciativo) de la palabra. Por lo tanto, he considerado que, habiéndose incrementado considerablemente lo que conocemos de cuanto hay en el círculo (enkyklios) de Aurelio, se podía ir también un poco más lejos y más adentro en la paideia y plantear el asunto un poco más cerca de lo que sería una verdadera Aureliopedia. Por otra parte, en este tiempo también ha crecido mi propio conocimiento y disfrute de la obra de Aurelio y, a la vista de ella, se han matizado o incluso modificado algunos pareceres. Y, sobre todo, ha crecido mi admiración ante una pintura que cada día encuentro más rica, extraordinaria y gozosa.

Las páginas que siguen revisan, amplían, ahondan e incorporan aquellas entradas y les añaden referencias concretas a obras, a declaraciones del pintor y de otros artistas y apelaciones diversas a la hemeroteca aureliana, que ya va siendo abultada. También incorporan citas explícitas, y otras asimiladas, de los estudiosos que en estos años han ido abriendo rutas en descubierta a través del universo (o universos) de Aurelio, y muy en particular Antonio Alonso de la Torre, Ramón Alvargonzález, Javier Barón, Gabino Busto, José Antonio Fernández-Castañón, Pedro Olalla, Alfonso Palacio... Por supuesto, no se trata de un texto para ser leído de corrido (aunque, como bien saben los adictos a enciclopedias y diccionarios, empezando por su patrón, el gran Borges, leerlos así no es imposible). Sus entradas no pretenden ser definiciones, sino artículos, textos que mantienen cierta autonomía y completud, y aspiran a encerrar la información básica para un primer contacto con Aurelio junto a una interpretación que permita ir algo más allá al iniciado. Eso hará habituales, e inevitables, ciertas insistencias y reiteraciones, aunque en distintos contextos y niveles explicativos.

El objetivo y los contenidos han cambiado a la vista de todo esto. Ya no se trata solo de un prontuario para acercarse a la obra de Aurelio Suárez, sino también de una especie de compendio y puesta al día del trabajo en torno a su figura y su obra que ha ido apareciendo a lo largo de la década que ya ha transcurrido desde su fallecimiento (en particular, lo que uno mismo ha ido escribiendo en papeles sueltos, fungibles y no). Y aun así, sigue siendo un trabajo radicalmente incompleto. Primero porque, como he dicho al principio, toda enciclopedia lo es. Y en segundo lugar, porque queda mucho por ver y por estudiar de Aurelio y de una obra que resulta en sí misma inabarcable como pocas. Valga, de todos modos, como enciclopedia imperfecta, como homenaje en forma de libro al ordo aurelianiensis, a la forma de una obra y a la forma de vida de un hombre que ya solo en su firma abarcaba un mundo que empezaba en la A y llegaba a la Z.

 

Juan Carlos Gea Martín

 

 

 

A: abstracción, aficiones, anarquismo, arquitectura, artesanía, astronomía, aurelianismo, aurelio, autodidactismo y autorretrato.

B: biblioteca, biografía, boceto, bodegón y botánica.

C: calavera, camín, capua, caricatura, cartelismo, casa, cerebro, ciencia, coleccionismo, color, composición, cosmos, cubismo y cultura.

D: datación, decoración, desnudo, diablo, diario y dibujo.

E: eclecticismo, erotismo, escultura, espacio, ética, exposiciones y expresionismo.

F: familia, felicitación, figuración, filosofía, firma, formato y fotografía.

G: galerías, géneros, geometría, gijón y gouaches.

H: huevo, humano y humor.

I: ideas, imaginación, individualismo, infancia, ingenuismo y interior.

J: jardín y juego.

K: kafkiano.

L: laboratorio, leyenda, libertad, libros y literatura.

LL: lluvia.

M: mar, medicina, medievo, memoria, mente, metafísica, método, mitología, muerte, mujer y música.

N: naturaleza.

O: objetos, óleos, onírico y orden.

P: paisaje, personaje, pez, pintor, playa, popular y prensa.

Q: quimera.

R: realidad, religión y retrato.

S: sábado, series, sexualidad, símbolo, sistema, soledad y surrealismo.

T: tauromaquia, técnica, tiempo, título y tradición.

U: universo.

V: vacío, vanguardias, verosimilitud y vida.

W: work in progress.

X: xenobiología.

Y: yo y yuxtaposición.

Z: zoología.

 

 

 

La peculiar estructura de los formatos aurelianos se traduce en el sistema para la cita de sus obras. Los óleos aparecen sin más con su título en cursiva y la fecha de datación (por ejemplo: Bebedores, 1940); los gouaches con su título en cursiva, el año y un asterisco (por ejemplo: Gijón infantil, 1931*), y los bocetos con su referencia numérica y su título ambos en cursiva, seguidos del año de datación (por ejemplo: 2178. Rodrigo Salmonetero, 1962). Cuando se cita una serie completa de bocetos se añade a continuación de su título en cursiva, la referencia del primer boceto de la serie y del último, separadas por una barra (por ejemplo: Mundo onírico, 3500/3599). Puesto que las dataciones dentro de cada serie de bocetos pueden pertenecer a años distintos, se ha omitido la referencia cronológica en este último caso.

Los vínculos entre entradas se han resaltado mediante una negrita; a efectos de claridad tipográfica y de fluidez de la lectura, no se han marcado todas las entradas de la Aureliopedia que aparecen en cada artículo, sino solo aquellas palabras (y en aquel punto del discurso) que pueden aclarar o ampliar la explicación. No siempre corresponden al término literal incluido en la Aureliopedia (por ejemplo, realista remite a la entrada REALIDAD; artesanales a la entrada ARTESANÍA, etc.).

Las obras que se citan están reproducidas en esta web, en el libro Aureliopedia o en otras publicaciones sobre Aurelio Suárez.

 

AURELIOPEDIA. Parte IAURELIOPEDIA. Parte II