ENTREVISTAS

Solamente se conocen once entrevistas a Aurelio Suárez, las realizadas entre los años 1949 y 1959.

 

EL COMERCIO, 9 de julio de 1949.

ESPAÑA, 28 de agosto de 1949.

EL COMERCIO, 15 de enero de 1950.

LA VOZ DE ASTURIAS, 4 de mayo de 1950.

EL NORTE DE CASTILLA, 8 de abril de 1951.

EL DIARIO MONTAÑÉS, 2 de julio de 1952.

VOLUNTAD, 24 de mayo de 1953.

EL NORTE DE CASTILLA, 13 de diciembre 1955.

EL ALCAZAR, 26 de octubre de 1956.

EL COMERCIO, 24 de diciembre de 1958.

LA NUEVA ESPAÑA, 15 de abril de 1959.

 

Los textos de las entrevistas se han copiado literalmente [sic] de los originales.

 

 

EL COMERCIO, 9 de julio de 1949

 

PAISAJES DEL CEREBRO

Un pintor gijonés expone su arte interiorista

 

Aurelio Suárez—sentido polifacético, intelectual, naturalista—está presente estos días en la Sala de Exposiciones del Instituto de Jovellanos, con la panorámica de su alma. Es un hombre sorprendente. Esquivando los equívocos, podríamos llamarle un primitivo, pero un primitivo "al revés” y supermoderno. Posee un gran bagaje cultural y a nosotros nos parece que podria representar el tipo de artista autónomo que ha rebasado  su civilización de origen, y anda como ciego buscando un mundo nuevo. Lo hemos visitado en su estudio, verdadero arsenal simbólico de la Humanidad. Es un espacio reducido— bastante reducido—, saturado todo él del espíritu de este artista. En sus figurillas, en sus bocetos, en sus máscaras y en sus cuadros ultrasensibles, se percibe una personalidad plástica y segura ee si misma. Su aspecto físico y su pensamiento están tan acordes con su arte—si quieren ustedes, su pintura—, que no es extraño decir que Aurelio Suárez es una creación de si mismo.

  —¿Qué edad tiene usted?

  —Treinta y ocho años. Y haz el favor de tutearme.

  —Con mucho gusto. ¿Es esta la primera vez que expones?

  —De ningún modo. Aquí en Gijón—donde nací—he expuesto ya varias veces, con anterioridad al Movimiento. La primera en la Escuela de Comercio en 1929. En años posteriores, una en el Ateneo y otra en “Los Amigos de las Artes Nuevas”. También hice exposiciones en Madrid. En el Ateneo y en el Museo de Arte Moderno. Asistí a diversos Salones de Otoño. Todo esto entre los años 33 y 35.

  —¿Has estado en el extranjero?

  —Si. En Bélgica expuse en el año 1936, en la ciudad de Brujas.

  —Visitaste más países?

  —España la conozco casi por completo. Me sé al dedillo todos los puertos de  mar. Donde más tiempo he permanecido y donde he pasado largas temporadas, ha sido en Madrid, Barcelona y Valencia.

  —¿Y en cuál de ellas has encontrado más ambiente para la pintura?

  —En toda Cataluña, en general. Y particularmente, en Barcelona

  —¿Hacia qué edad empezaste a pintar

  —En cierto modo, lo llevo en la sangre. Mi padre también cultivaba y sigue cultivando la pintur—en efecto, nos enseña varios cuadros de él—. Puedo decirte que desde los 15 o 16 años, cuando yo era un mal estudiante, no he dejado de cultivar la pintura, siempre superando mi entusiasmo y siguiendo una modalidad personal que es la misma de hoy. Para mi, la primera necesidad, para mi arte  y para todo, es la soledad. He despojado a mis cuadros de todo lo que fuese caracterización externa. Para conseguir esta clase de pintura son precisas mucha imaginación y gran cultura, tanto literaria como científica. Leo mucho, soy absolutamente autodidacto y no he asistido jamás a ninguna Escuela oficial de Arte.

  —Me puedes decir qué libros o qué autores lees?

  —De todo y de todos. Exactamente, todo lo bueno de todos los tiempos es lo que constituye mi piscina intelectual. Principalmente, me gustan las Ciencias Naturales, y es una cosa que puedes rastrear en la mayor parte de mis cuadros.

  —¿Qué pintura prefieres?

  —Los artistas prehistóricos de las Cuevas de Altamira y Candamo. Después, Giotto, Breughel el Viejo, El Bosco, Patinir, El Greco, Goya en sus “Caprichos”. Y de los actuales, los catalanes.

  —¿Algún asturiano?

  —En Asturias tenemos dos pintores de talla internacional, que son Evaristo Valle y Piñole. De los que empiezan me gustan Rubio Camín y Martínez  Suárez. Naturalmente, todos buscamos afinidades personales y nuestro arte es una interpretación de nosotros mismos.

  —Sí, por cierto que uno de los cuadros que expones  actualmente se titula así: “Nosotros mismos”. ¿Te dedicas siempre a pintar?

  —Sí, siempre he sido así. También esculpo, como puedes ver,  y soy un coleccionista infatigable de todo. De grabados, revistas, libros, de todo cuanto signifique un grado de cultura o de espiritualidad, que es lo único que salva al hombre.

  —¿No cultivas el retrato?

  —No, no está de acuerdo con mi temperamento.

  —¿Crees que al público de Gijón le gustará esta pintura tuya?

  —No sé, en cuestiones de gusto —por lo tanto, en cuestiones de Arte—, es difícil pronosticar. Desde luego, mis cuadros han penetrado en la sensibilidad de otros públicos, y no veo por qué no habían de significar algo para los aficionados y virtuosos gijoneses.

  —¿Tienes en proyecto alguna otra exposición?

  —De eso, principalmente, se compone el hilo de mi vida, de exposiciones. En todas partes. Para el próximo invierno estoy invitado a exponer en la Sala Clan, de Madrid. Trabajo siempre. Para mí, el Arte es una necesidad.

  Nuestra conversación se ha prolongado por cauces más libres. Es nuestra primera entrevista, y parecemos dos amigos milenarios.

 

BASTIAN FARO

 

 

 

ESPAÑA, 28 de agosto de 1949

 

ASTURIAS TIENE TAMBIEN SU DALI

AURELIO SUAREZ, ULTIMA Y SENSACIONAL REVELACIÓN DE LA PINTURA MODERNA

 

  UN periodista está siempre de servicio, aun  de vacaciones. Camino de la playa,  donde nos esperan las olas cantábricas y la verde caricia de sus espumas, se alza el Instituto fundado por Jovellanos, el sabio y casi aun incomprendido gijonés. Ahora, cuando las aulas permanecen silenciosas y en los encerados languidece el último binomio  de Newton salido de  las manos  del postrer estudiante del curso, el centro docente abre sus puertas a la pintura. Bajo los arcos de su sencillo y romántico patio, un artista local ha colgado una treintena de cuadros y otros tantos bocetos. ¿Por qué entramos en esta exposición? Algo misterioso e incontenible nos empujó. Y ya no pudimos salir de aquellos claustros, literalmente fascinados por lo  que allí se nos ofrecía.

  Aurelio Suárez. Así leímos al pie de cada obra. Aurelio Suárez. Un nombre que a pesar de su escasa virtualidad fonética, está llamado a encaramarse en las más altas columnas periodísticas. Un  nombre que es todo un auténtico y arrollador lema de guerra. De guerra contra la insulsez, el adocenamiento, los merengues al óleo, el academicismo de pastelería y la vulgaridad monótona de tanto atildado pulcro y estéril pincel como anda por ahí.

  Los cuadros de Aurelio Suárez crispan, encantan, indignan, fascinan,  atraen y electrizan. En una palabra, sacuden con violencia, como sólo puede sacudir el chispazo de lo demente o lo genial.

 

EL HOMBRE

 

  Y Aurelio Suárez no es, por lo pronto, ningún loco. Es más bien un hombre tímido que responde a nuestras preguntas con cierto retraimiento de  persona asombrada de que sus pinturas despierten interés ajeno.

  —¿Es esta su primera exposición?

  —La primera de mi segunda etapa.

  —¿Es que hubo otra etapa anteriormente?

  —Antes de nuestra guerra, expuse en Madrid y en Bruselas. En la capital se habló bastante de mis cuadros, que colgué en el Ateneo y en el Museo de Arte Moderno. Luego se abrieron inopinadamente las trincheras. No era ocasión, en aquellos años, de pensar en pinturas. Después me sobrevino una especie de crisis interna, un paréntesis de silencio en el que no cesé de interrogarme a mí mismo y de buscar algo que no encontraba…

  —¿Y lo ha encontrado usted ya?

  —No lo sé. Pero lo que sí es cierto es que al menos me decidí otra vez a ponerme en contacto con el público.

  —¿Con el de su tierra nada más?

  —Este invierno expondré de nuevo en Madrid. En la Sala Clam.

  —Yo le auguro, Aurelio Suárez, una tempestad en su torno. No pasará usted desapercibido.  Sufrirá los más enconados ataques, junto a las mayores exaltacones. ¿Le gusta a usted el escándalo artístico?

  —Al contrario, me horroriza. Pero no podría pintar más que de la manera que yo siento  la pintura. En esto soy insobornable.

  —¿Conoce usted las cosas de Dalí?

  —No he salido de Asturias desde hace doce años. Sé que ha triunfado plenamente, pero nunca tuve ocasión de ver ningún cuadro suyo.

  Este hombre espigado, cuya edad debe andar por los treinta y cinco años, tuvo colgados sus pinceles durante  un largo período. En ese lapso de tiempo sostuvo una dura lucha introspectiva consigo mismo, de la que sale ahora fortalecido y purificado.

  Sus obras rebosan fantasía, imaginación, agresividad estética y facilidad pictórica. Pero su principal virtud es el dibujo. Dibuja bien aun cuando arriesga deformaciones increíbles en los trazos de sus detonantes obras. Y un pintor que sabe dibujar nunca será ningún fraude artístico.

EL INTERROGANTE

  No sabemos lo que pensarán de Aurelio  Suárez sus paisanos.  De momento, están sorprendidos, confusos y llenos de desconcierto, esperanzas y temores.

  Pero Aurelio Suárez podrá ser cualquier cosa menos un pintorzuela de mueblería. De la estirpe  de los Gris, los Picasso y los Dalí, desatará tantas furias como admiraciones, más nunca pasará inadvertido donde quiera que vaya. Lo que importa es que vuelva a repasar la frontera provinciana del puerto de Pajares y que  se enfrente nuevamente con su destino. Un destino que, quizá como siempre, necesite la etiqueta extranjera para ocupar su sitio en la geografía estética nacional

  Por lo pronto, las pinturas de Aurelio Suárez son una sonora y rotunda bofetada a la rutina y  el amaneramiento. Y el último y mejor logrado fruto del superrealismo hispano que asombró al mundo más de una vez.

 

J. VEGA PICO

 

 

 

EL COMERCIO, 15 de enero de 1950

 

GIJON sin retraso con retraso

 

EL “DALI” GIJONES PIENSA IR A PARIS

 

No es un ”pintor de fotografías”

 

  Vuelve de nuevo al plato de actualidad este español—gijonés, téngase en cuenta—enjuto y universal que se llama Aurelio Suárez. Nos habla de su reciente exposición en la sala Clan, de Madrid. Y como  un artista no viene al mundo más que para aclarar a los otros o a sí mismo el misterio de su entraña psíquica, Aurelio dá la pauta y nos define su inquietud.

  —¿Estás satisfecho, Aurelio?

  —Nunca he de sentirme—nos contesta— ”completamente” satisfecho. Pero tampoco me parece mal lo que hago.. De lo contrario no lo haría. Sé que al exponer han de combatirme los pintores adocenados, sin ingenio, a los que yo llamo máquinas fotográficas.

  —¿Cómo encuentras la actual temporada en Madrid,  en lo que se refiere a la pintura?

  —He podido observar que el ambiente pictórico de hoy en Madrid es bastante bajo, como no han tenido inconveniente en decir la mayoría de los críticos. El Salón de Otoño todos han podido ver que ha sido mediocre.

  —En general, ¿qué se piensa de tu arte?

  —Se lucha contra él. Yo no comprendo esta actitud. En literatura, por ejemplo existe un campo mucho más amplio para la imaginación sin que el público se sienta ofendido de los atrevimientos del escritor. Y no ocurre así con  la pintura que, sin embargo, creo yo merece la máxima libertad de imaginación y de expresión.

  —¿.........?

  —Hay dos clases de artistas. Los que pintan ”lo de fuera”, las máquinas fotográficas de antes, y los que sienten la necesidad de plasmar lo interno.

  —¿Y esa pintura  de lo interno que preconizas—aunque no sea más que para ti—, va a herir la inteligencia o los sentidos?.

  —Es para la inteligencia solamente.

  —¿Luego no crees en la inspiración?

  —Como la entienden, no creo en ella. El artista inspirado es el que pinta una pirámide, manzanas o cualquier otra cosa por el estilo.

  —¿Se seguirá tu tendencia en el futuro?.

  —No, vendrá otra cosa dentro de X años. Un Manet, innovador y revolucionario en su época, está hoy mas bien  anticuado. Quizá con el tiempo se llegue a un gusto perfecto y mejor, a una geometría del arte.

  —¿Cómo reaccionaste ante el epíteto de ”Nuevo Dalí” con que te bautizaron?

  —No me gustó. Mi pintura no se parece a la  de Dalí ni a la de Picasso.

  —¿Qué opinas de Dalí?

  —Que tiene la faceta auténtica de pintor genial y la de propaganda de sí mismo, no menos auténtica.

  —¿Qué temas  te interesan mas pictóricamente?

  —Creo que todo lo que cruza mi cerebro tiene posibilidades de representación. Yo huyo del tópico. Una concha de mar tiene para mí más importancia que una puesta de sol. Toda mi estética, si se puede decir, he comenzado a verterla en un libro que ahora título ”Autodidáctica”. Aquí tengo algunos puntos de referencia.

  Miramos en una libreta de notas y leemos cosas como éstas: ”El que crea ve distinto del que mira”, ”odas las cosas tienen el mismo valor representativo”, ”Dibujar es recordar y no imitar la naturaleza”, ”Las pinturas se concluyen trabajando y no hablando”. ”Contraponer ideas en un mismo cuadro”, ”Nada nuevo. Reformar lo viejo”.

  —Con estas declaraciones, ¿qué piensas de los Museos o de los valores tomados como cánones?

  —En general, los cuadros de los Museos tienen un valor más arqueológico que pictórico.  Como muestra de una época.

  —¿Das un valor literario a tu pintura?

  —Lo tiene. Gran parte de lo que pinto se debe a mis lecturas y a mi curiosidad intelectual.

  —De ser escritor, ¿quién te gustaría ser?

  —Swift, por sus dotes imaginativas.

  —Bien Aurelio, esto se acaba y aún no te hemos preguntado sobre tus proyectos.

  —Expondré en Oviedo este invierno. Hace unos meses,  cierto organismo me impidió que expusiese en la capital asturiana. Y tengo gran interés en esta exposición ovetense. Como continuación, puedo decirte que expondré en Barcelona. También es probable que mi pintura llegue hasta Paris. Tengo en estudio unos proyectos sobre este particular.

  —Bien, eso está muy bien. Sigue tu batalla... hasta París.

... ... ... ... ... ... ... ... ... ... ... ...

  Nosotros continuamos admirando cuadros, bocetos, apuntes, notas, curiosidades  de este insaciable  y consciente artista que no se desconsuela jamás pintando ni meditando lo que pinta.

 

BASTIAN FARO

 

 

 

LA VOZ DE ASTURIAS, 4 de mayo de 1950

 

Entrevista con Aurelio Suárez que habla de la pintura y de su pintura

 

  Aurelio Suárez, natural de Gijón, de profesión pintor, expone por vez primera en Oviedo. Sus cuadros, producto exclusivo de su imaginación,  unidos por un hilo levísimo a la realidad que a veces se rompe en abstracciones absolutas, están colgados, para quien quiera algo de ellos, en las Galerías Santu, de esta ciudad.

  —¿ Expusiste ya muchas veces, Aurelio ?

  —Sí. Antes de 1936 en Madrid. Museo de Arte Moderno, Ateneo, Salones de Otoño. Y en Barcelona. Recientemente, en Gijón y en la Sala Clan de Madrid. Y próximamente en Barcelona, París...

  —¿ Siempre te acogió bien la crítica ?

  —Comprúebalo tu mismo.

  Efectivamente,  lo  compruebo. Aurelio Suárez me da a leer multitud de recortes de periódicos y de revistas, todos los cuales resultan unánimes en la apreciación de la valía del pintor asturiano, y perfectamente desacordes cuando tratan de buscarle su lugar de procedencia en el arte. Con ese afán de encasillamiento que caracteriza a los críticos, unos derivan su pintura del Bosco, otros de Picasso, otros de Dalí, otros de Bracque, otros de Chagal... Yo me decido a preguntárselo a él mismo.

  —¿ Te encuadras tu dentro de alguna escuela pictórica determinada ?

  —No. Me lo impide mi variedad de formas de pintar. Por otra parte, lo que hay fuera de mí no me interesa tanto como lo que hay dentro de mí. Pinto lo que pienso, no lo que me rodea.

  —¿ No crees que eso de reproducir lo que tú sólo ves puede dar lugar a la sospecha de que no pintas otra cosa porque no sabes ?

  —Es posible. Por ello conviene, en exposiciones de este tipo, incluir obras que, de un modo evidente, demuestren que el artista puede pintar las cosas tal como son, y que si prescinde del dibujo académico y de las formas clásicas, no es por incapacidad o por ignorancia. Por ejemplo, en esta exposición presento un cuadro titulado “Cosas olvidadas” que puede muy bien cumplir ese cometido.

  —¿ A qué atribuyes el giro que toma la pintura actual ?

  —La pintura moderna se preocupa cada vez menos de reproducir con fidelidad la naturaleza. Las causas no las se. Acaso la máquina de retratar haga innecesario el realismo que caracterizó la pintura clásica. De todas formas, no creas que la pintura es ahora abstracta o imaginativa por vez primera. Ya lo fué Goya. Y anteriormente, el Bosco. Y mucho ante los egipcios, cuyos dibujos tenían valor de símbolos.

  —Y frente a ese tipo de arte, ¿ cómo reacciona la masa ?

  —La tradición pesa mucho sobre el público, que se resiste siempre a admitir cosas nuevas.

  —¿ Se impondrá definitivamente la pintura abstracta ?

  —No me preocupa demasiado. El artista debe producir para una época determinada. A mí, personalmente, la inmortalidad me trae sin cuidado. Lo que se conserva en los museos tiene muchas veces más valor arqueológico que otra cosa.

  —¿ Qué pintores de hoy te gustan más ?

  —Entre los españoles, Picasso, Dalí, Gris y Miró. Picasso sobre todos. Dalí me disgusta por su autopropagandismo : es un espectacular comerciante de pintura. Y Miró llega a la exageración en sus abstracciones.

  —¿ Y entre los extranjeros ?

  —Bracque y Chagll.

  —¿ Con quién estudiaste, o en qué Academia ?

  —Soy autodidacto.

  —¿ Y por qué firmas tus cuadros al revés ?

  —Porque los demás los firman al derechas.

  Con esto se acaba mi conversación con Aurelio Suárez. Una conversación concreta con un pintor abstracto. A pesar de ello nos entendimos muy bien.

 

A. GONZALEZ MUÑIZ

 

 

 

EL NORTE DE CASTILLA, 8 de abril de 1951

 

de ARTE

 

EL CONCEPTO DE LA PINTURA MODERNA

 

Hablando con Aurelio Suárez

 

  Atraídos por la novedad que entrañan las pinturas expuestas por el pintor Aurelio Suárez en el Palacio Universitario de Santa Cruz, hemos celebrado una entrevista con el fin de puntualizar algunos extremos relacionados con su arte.

  Fruto de esta entrevista es el siguiente diálogo:

  ¿Qué circunstancias le movieron a cultivar esta pintura moderna?

  —El haber llegado al convencimiento de que pintar el mundo real más o menos bien está al alcance de cualquiera; sin embargo pintar ‹‹el yo›› o nuestro mundo interno, ya es otra cosa. Es necesario tenerlo.

  ¿Tiene mercado en España esta clase de pintura?

  —En ciudades como Madrid, Barcelona y San Sebastián, que tienen mucho contacto con el extranjero, sí.

  ¿Qué exposiciones lleva usted realizadas?

  —Individuales, con la actualmente celebro, diez; nueve en España y una en Bélgica. Además concurrí a numerosas colectivas entre las que pueden enumerarse como más importantes, mi asistencia en Madrid, a los Salones de Otoño de 1933 y 1934.

  ¿Piensa volver a la pintura clásica ya que domina la línea y el color?

  —A la fuerza, sí. El tiempo sin quererlo nosotros, hace lo nuevo de hoy viejo mañana.

  —¿Cree usted que es realmente moderna la pintura así llamada ahora?

  —Mientras que es ‹‹Arte vivo›› y sincero, sí.

  ¿Cuáles son sus clásicos y maestros en este género de obras?

  —Entre los clásicos ya clásicos el Bosco, Brueghel Giotto y los anónimos pintores de códices miniados. Y entre los modernos, ya clásicos, Picasso, Dalf y Miró.

  ¿Recuerda usted alguna anécdota curiosa  referente a su arte o que le haya ocurrido a usted?

  —En una Exposición colectiva me colgaron un cuadro abstracto al revés para leer la firma al derecho.

  Con esta graciosa anécdota dimos por terminado el curioso interrogatorio, dando las gracias a Aurelio Suárez por su atención y por la precisión de sus contestaciones.

 

C. R.

 

 

 

EL DIARIO MONTAÑÉS, 2 de julio de 1952

 

Aurelio Suárez, el pintor “rabiosamente moderno“

 

Quiere llegar a ser el “pintor isla“

 

No le preocupa el público, le comprenda o le critique

 

Por Manuel CASTELLANOS GORRITY

 

  No hay duda de que la Pintura evoluciona formando escuelas y estilos. La forma, el color, el dibujo, la temática, la técnica, el oficio en suma, se han ido transformando, creando tendencias que daban carácter a una época, personalidad a una pintura nacional. Pero en este siglo en que vivimos, cada pintor quiere ser una escuela, cada cuadro pretende ser un nuevo estilo “genial”, prescindiendo de sus elementos fundamentales: contenido y forma, de la cultura y del gusto, y a veces hasta deformando los principios de la estética. Se adaptan a “programas”, a manifiestos preconcebidos, quieren ser libres sirviendo en esclavitud a la sensacional, al virtuosismo del “mamarracho”, con ideas y actitudes que pretenden ser originales, cuando las originalidades son patrimonio de los genios o de los locos.

  Reina en estas tendencias del arte actual un desconcierto absoluto. Como somos curiosos y queremos salir de nuestra perplejidad, las preguntas que nos hemos hecho mil veces ante numerosos cuadros exhibidos en exposiciones recientes, hoy pretendemos aclararlas frente a un pintor “rabiosamente moderno”: Aurelio Suárez. El lugar: la Sala del Museo Municipal, cedida al Ateneo. La circunstancia: Su exposición inaugurada el pasado viernes.

  Aurelio Suárez: asturiano, joven, enjuto, alto, nervioso, observador, contesta una a una nuestras preguntas,  a veces impertinentes, pero siempre sinceras.

  La Sala con veintidós pequeños cuadros: diversos, confusos, inexplicables algunos.

  En nuestra memoria: nombres (Chagall, Miró, Moore, Chirico...) y formas (Arte onírico, abstracto, surrealismo, camelismo...). Comparamos con otros contemporáneos que llenan las páginas de los diarios y revistas de escándalo, los museos de extravagancias y las críticas de frases incomprensibles, con símiles poéticos o musicales, pero pocas veces expresión auténtica de su sentido plástico.

  Hoy queremos, en nuestras preguntas, ser eco de las que tantos tímidamente se callan ante este espectáculo continuado. Procuramos ser un poco el público de la exposición frente al artista, y lo primero que se nos ocurre es preguntarle:

  —¿Qué es para ti la Belleza?

  —La atracción espiritual que siento hacia cualquier forma,  sea estática o biológica.

  —¿Tus cuadros son bellos?

  —Sí, por ser técnicamente perfectos en dibujo y color.

  —Y su contenido, ¿qué pretende expresar?

  —Mi mundo anímico.

  —Si no es representativa, si es subjetiva, exponer estos cuadros ¿es querer hacerte comprender?

  —No, al pintar me desligo del público, que me comprenda o me critique.

  —¿Realmente sientes lo que pintas?

  —Sí, naturalmente.

  —¿Por qué esta actitud pictórica?

  —Por ser la que mejor expresa mi “yo” psíquico.

  —¿En qué estilo contemporáneo te encuadrarías?

  —En ninguno. Quiero llegar a ser el “pintor isla”. Es decir, ser puramente yo.

  —Tu arte entonces será el “aureliense” o “suarismo”.

  —Gracias por bautizarlo.

  —Estas lucubraciones, ¿proceden de la inteligencia o de la imaginación?

  —En mí, de ambas a la vez.

  —¿Concibes antes de crear, o vas pintando según se te ocurre?

  —Antes de realizar los cuadros mido, peso y calculo.

  —¿No sufre variaciones la primera concepción al ser plasmada en el lienzo?

  —Jamás modifico.

  —¿Le gusta al público tu pintura?

  —Generalmente sí.

  —¿Cuántos cuadros has vendido? ¿A quiénes?

  —Muchos, y la mayoría a médicos y abogados.

  —¿Quisieras pintar como un Velázquez?

  —No

  —¿Por qué?

  —Por creer ya terminada la función de la máquina fotográfica, que desempeñaba la pintura en aquel entonces.

   Y ahora pregunto al lector amable: ¿Lo has entendido? ¿Has aclarado tus dudas?... ¡Dichoso!

 

 

 

VOLUNTAD, 24 de mayo de 1953

 

AURELIO SUÁREZ PREPARA DOS EXPOSICIONES

 

El pintor gijonés nos habla de los artistas consagrados, pero fosilizados

 

  En 1929 conocieron por primera vez los gijoneses la pintura de Aurelio Suárez Ibaseta. Más tarde, en los años 1933 y 1934, las obras de este artista eran expuestas en Madrid, en el Ateneo y en el Museo de Arte Moderno. Pasó el tiempo... Por fin, en 1949, y en el Real Instituto de Jovellanos, surge de nuevo, en todo su esplendor, el arte surrealista de Suárez. Llama la atención profundamente de los aficionados. Se inicia la polémica en torno a su temática... Y el pintor gijonés prosigue, incansable, cada vez más fecundo. creando. Madrid, otra vez —Sala “Clan”—, Oviedo, después Valladolid, Santander...

  Ahora llega a nosotros el rumor de que Aurelio Suárez Ibaseta se dispone nuevamente a exponer... Llegamos a su estudio —uno de los más interesantes y pequeños que conocemos— y allí le encontramos. Como siempre, absorto en su pintura, entregado de lleno a su labor, creado...

  Y la charla comienza:

  —¿Es cierto que piensas exponer?

  —Mi intención es esa. Pienso realizar, este verano, dos exposiciones.

  —En Gijón alguna de ellas?

  —Cerca.

  —¿Tienes muchas obras?

  —En óleo, aproximadamente, unos doscientos cuadros.

  —¿Con el mismo estilo de siempre?

  —Nunca he querido fosilizarme en un solo estilo. Podrán decir de mi obra que posee un estilo extravagante, mas la realidad es que pinto con varios estilos, que es distinto.

  —¿Por qué pintas con varios estilos?

  —Cuando los cuadros de un artista se llegan a conocer sin la firma significa que aunque el pintor se ha consagrado ya, se ha fosilizado también. O sea, que ya no da más de sí.

  —¿Quién ha dado, a tu juicio, “más de si”?

  —Picasso. La prueba es que ha tenido distintas épocas, y aun ahora está pintando de otra forma.

  —Y... ¿algún “fósil”?

  —Otra gran figura de la pintura: Dalí. Sus cuadros se conocen sin firma.

  —¿Cómo interpretas tú el surrealismo?

  —Para mi, la pintura surrealista es hacer poesía con el pincel. Por tanto, no pinto lo que veo. Mis sentidos perciben los objetos, y mi cerebro obra de filtro y pinta su espíritu. Por ello, el artista surrealista tiene que pintar abstraído del público.

  —¿Por qué?

  —Si cualquier literato, Cervantes, por ejemplo, al escribir su “Quijote” hubiera tenido en cuenta el público que lee el “TBO”, no habría escrito dicha obra. Esto mismo se puede aplicar al Bosco, al Greco, o al mismo Goya en su “caprichos”. Y esta es la razón de por qué el pintor surrealista tiene que abstraerse del público.

  —¿Pintas diariamente?

  —Si. Mi fin es pintar. Acaso parezca un absurdo, pero relleno mi vida pintando. Otros rellenan sus vidas hablando...

  —Finalmente, Aurelio, una pregunta que se hacen todos aquellos que conocen tus cuadros, ¿por qué los firmas al revés?

  —Porque los demás los firman a derechas.

Y así terminamos la breve entrevista con Aurelio Suárez, este pintor tan único que tenemos en Gijón, y cuya obra ha asombrado al público y crítica más exigentes.

 

A. BAQUERO

 

 

 

EL NORTE DE CASTILLA, 13 de diciembre de 1955

 

3 MINUTOS com

 

AURELIO SUÁREZ

 

  Ya en 1951 nos visitó este pintor. Su madurez ha crecido. Acaso también su fantasía creadora, que no es producto de inspiración, sino, como él dice, de laboratorio. Muy vivaz y elocuente cuando habla de su obra. De vez en cuando, en la Exposición, explica el sentido de algunos cuadros, que para muchos espectadores es imprescindible, porque no todo el mundo comprende lo que Aurelio Suárez quiere dar a entender con sus pinceles.

  —¿Su primera Exposición?

  —En Gijón el año 1929.

  —¿Después?

  —Otra en Gijón, de donde soy natural, y después, dos en Madrid. De nuevo en 1949 y después de las de Valladolid, Santander, Avilés y La Coruña.

  —¿El mejor público?

  —Acaso Santander para mí.

  —¿Causas?

  —Más acostumbrados a esta clase de pintura.

  —¿Con quién aprendió?

  —Yo solo. Soy autodidacta.

  —¿Ha estado en el extranjero?

  —Visité Francia y Bélgica.

  —¿Conoce la obra de los impresionistas?

  —Es imprescindible para todo aquel que quiera vivir la actualidad pictórica.

  —¿Cómo recibe el público sus cuadros?

  —No lo comprende más que cierta clase. Es decir, una minoría.

  —¿Quiénes son los que los ven con frialdad?

  —Los médicos. Acaso porque me meten dentro de la patología mental.

  —¿Sabría usted definirse?

  —Soy un pintor ”isla”. Sólo Dios y yo sabemos lo que cuesta crear.

  —¿Tarda mucho?

  —No puedo calcular. Hay algún cuadro que me ha costado cuatro meses.

  —¿Trabaja todos los días?

  —Claro. Y, además, no es fácil concebir y dar forma a la concepción.

  —¿Cómo hace para ser tan exclusivista?

  —Me abstraigo de todas las influencias externas de los demás pintores.

  —¿Le comprenden los otros del oficio?

  —Es casi imposible, porque yo hago un poco al revés que los demás.

  —¿Por eso firma boca abajo?

  —Siempre firmo así. Hasta en la cartas.

  —¿Vende todo lo que hace?

  —Aquí he vendido tres.

  —¿Es poco o mucho?

  —Para Valladolid es mucho.

  —¿No le entienden aquí?

  —Ha habido mucho público. Pero el que entiende no puede comprar.

  —¿Y los que pueden hacer...?

  —... Esos no entienden o no quieren entender.

  —¿Usted sería capaz de hacer retratos?

  —Sí; pero no los hago. Y perdone que me reserve el decirle por qué.

  —¿Cómo pinta?

  —Condicionado a la técnica. Y cuando tengo todo el cuadro metido en la cabeza. Mi pintura está medida y pesada.

  —¿Tiene hechos muchos cuadros?

  —Cerca de quinientos. Bocetos le enseñaría a millares.

  —¿Vive sólo de esto?

  —Sólo de esto. A mí me estorba el mundo. Soy un místico de la pintura.

  —Allá usted.

 

GARCIA-PLATON

(Caricatura de Regueiro.)

 

 

 

EL ALCAZAR, 26 de octubre de 1956

 

RINCON INDISCRETO

 

AURELIO SUAREZ (El pintor de los sueños):

 

‹Hasta ahora he pintado ya más de ocho mil cuadros.››

‹‹Todas mis obras reflejan el subconsciente y tienen mucha metafísica.››

 

ALTO, un poco desgarbado y camino de los cincuenta años. Así es físicamente Aurelio Suárez. Habla con pleno convencimiento de que la pintura abstracta es importante, pero que se presta a equivocaciones y despistes. Aurelio nació en Gijón. Desde niño se sintió atraído por los dibujos. Hoy es un productor de lienzos en gran escala, con más de veinte exposiciones en su historial.

  —¿A qué cifra se eleva su creación de cuadros?

  —Hasta ahora he pintado ya más de ocho mil cuadros. No es una cifra exacta, pero muy aproximada. Esto me ha sido posible porque yo no necesito temas concretos, ni modelos para pintar, sino simplemente ideas.

  —¿Se inspira en su imaginación?

  —Sí. Todas mis obras reflejan el subconsciente y tienen mucha metafísica. Esto es difícil de explicar, así que pasemos a otra pregunta.

  —¿Por qué hace su firma al revés?

  —Por costumbre. Y la rúbrica es un pez. Igual que otros hacen firmas ilegibles y raras que parecen un torbellino o un árbol o cualquier cosa.

  —¿Qué circunstancias de su vida han influído sobre su pintura?

  —Por una parte, el que comenzara a estudiar medicina y abandonara la carrera por la mitad. Los estudios sobre psicología me han inspirado muchos temas.

  —¿Qué proceso siguen sus obras?

  —Primero tengo la idea. Después tomo los pinceles y hago un boceto. Y con esto, como guía, pinto el cuadro.

  —¿Corrige mucho?

  —Nada. Yo voy siempre a “tiro hecho”; como no tengo modelo, no me puedo equivocar.

  —¿No tiene dificultades para pintar los sueños?

  —No. Me acuerdo perfectamente de las pesadillas que tengo, y luego las interpreto en el lienzo con extrañas figuras que usted ve.

  —¿Cómo pintaría usted la Luna?

  —Como una manzana con granos. Mis figuras, que son irreales, sugieren siempre algo, porque cada rasgo está estudiado anteriormente. Es pintura de laboratorio.

  —¿No pinta paisajes ni composiciones?

  —No, porque yo creo que los pintores debemos tener cada uno un estilo propio, y el mío es éste: pintar ideas.

  —¿Admira a Velázquez y al Greco?

  —¡Cómo no! Habiendo existido Velázquez, el querer pintar con su estilo es “tocar el violón”, porque es insuperable. Cada época tiene su estilo, y como ya está todo hecho, hay que buscar nuevas tendencias.

  —Pero usted sería capaz de pintar también un retrato, según lo ve, ¿no?

  —Claro. Para mí, ver un gato y pintarlo es como tomarme un bocadillo. Yo hago cosas más interesantes.

—¿A cómo vende sus cuadros?

—Según el comprador. Estas cosas del dinero no me gustan. Lo que sí le voy a decir es que hay compradores que en vez de cuadros parece que van a comprar patatas, y se llevan el que vale menos y ocupa más espacio.

  —¿Cambiará de estilo o seguirá con sus sueños?

  —No puedo cambiar nunca. Seguiré inventando temas y pintando ideas. Porque si va uno a pintar lo que ve..., ¿para qué están las máquinas fotográficas?

  —¿Por qué usa colores tan vivos?

  —Porque tienen más fuerza y causan más impresión en el espectador. Los colores tienen en la pintura un papel muy importante que hacer.

 

DIGA AHORA LO QUE QUIERA

  —Mi técnica es clásica. Mi estilo, abstracto. Y mis temas, oníricos.

  Muy bien. Aurelio presenta sus cuadros en Madrid por cuarta vez. Ocho mil obras han salido de sus pinceles con sueños, impresiones del subconsciente, metafísica y nombres tan extraños como “Oleopintor metafísico”.

 

Julián NAVARRO

(Fotos Guillén.)

 

 

 

EL COMERCIO, 24 de diciembre de 1958

 

AURELIO SUAREZ, un pintor de singular personalidad

 

Por LUCIANO CASTAÑON

 

  Hace diez o doce años habíamos charlado alguna vez, por eso, al ver nos ahora hicimos una somera alusión a los encuentros de entonces. En todo este tiempo, dado mis ausencias y dados nuestros comunes modos ser,  fueron ‹‹enfriándose›› las relaciones hasta tal punto que por la calle nos cruzábamos y ‹‹no nos veíamos››. No obstante ésto, continuaba con mi idea de Aurelio, una de esas ideas que te metes dentro por una rara intuición, y que a lo mejor, si tienen cierta base, pueden ser certeras. Lo imaginaba pintando, y así resultó ser; pues aparte de los óleos y miles de bocetos, tiene en su estudio un buen montón de carpetas repletas de guaches, carpetas tan rotundas que por su cantidad y calidad no hay gitano que se las saltase; sí, me lo imaginaba encarrado y arañando el alma hasta quedar lograda la composición; composición acorde con la intención sin novatería, sin mermeladas, sin claudicación. Ahora me entero que no vive de la pintura, que trabaja sus ocho horas, pero que luego está muchísimo tiempo en su estudio, ajeno a tertulias y otros menesteres que le puedan robar el tiempo que tanto necesita. Fuma bastante.

  No hace poco que Aurelio Suárez expuso por última vez en Gijón; él nos dirá los motivos de ese silencio. Ahora fué empujado, y al fin se decidió. ¿Temor al público? Ni mucho menos. ¿Y qué puede temer? Está seguro de sí, cree en él, tiene confianza en lo que hace. Y con razón. Los que no entienden, no comprenden o no sienten, ¿qué importa lo que digan? Los que entienden, los pintores, de nada pueden acusarlo; ahí, en sus cuadros, hay dominio del dibujo, hay ideas sugerentes, hay colores vivos fundiéndose. ¿Qué defectos pueden ponerle? Interesa la pintura de Aurelio Suárez por su concepción particular sin egocentrismo, por sun carácter, su propiedad.

  Aurelio es un hombre muy suyo —sin alejarse de los demás—; sucede que su espíritu es guiado por la fé de su conciencia hacia la meta más o menos obsesiva del creador. ¿Y cuál es su meta? Aparte de pintar bien, de hacer ‹‹cuadros››, lo ya conseguido, ‹‹hacerse››, ser ‹‹él››; y también, presentar una obra que señale el tiempo en que vivió; porque la pintura no es mala por sed imitativa o ser informalista, pero lo menos que puede pedirse  un artista es que esté en consonancia con el tiempo en que vive —o mejor ser precursor—, pues ese tiempo es la consecuencia exacta, el desahogo natural de todos los siglos anteriores. Y vamos con las preguntas.

  —¿Por qué tardaste tanto en exponer en Gijón?

  —Porque nadie es profeta en su tierra.

  —¿Pintores vivos que te gustan?

  —Todos aquellos que intenten hacer algo nuevo en pintura.

  —¿Buscas algo en los cuadros?

  —Recrear mi espíritu, al mismo tiempo que olvidar la alucinante monotonía del mundo físico.

  —Son salidas anímicas lógicas; y estupenda que es la suya. Otra escapatoria la tiene coleccionando sellos y monedas.

  —¿Te inspira la realidad, o más bien te dejas guiar por la imaginación?

  —Por la imaginación que todo lo puede, incluso hacernos creer que se pinta cuando se despinta.

  —¿Sabes que tienes fama de extraño?

  —Lo sé, y no me sorprende. Esta etiqueta se la suelen pegar a todo aquél que se diferencia de los demás.

  Dudé bastante si hacerle la anterior pregunta. Si hubiera consultado con alguien, seguro me hubiera dicho: ‹‹Por Dios, no se te ocurra preguntarle eso; es rarísimo››. Y no lo es; al menos hoy no lo es. Lo encuentro muy parlanchín, tanto, que a veces ni me deja meter baza; cuando le hago una pregunta impertinente o ingénua sobre pintura, para explicármela, suelta un chorro expresivo con ejemplos más cercanos a mi quehacer, a mis conocimientos. ‹‹Sí, sí, ya entiendo››, he de decir. Fuma más; golpea su pipa.

  —¿Cómo justificas el arte abstracto?

  —En la mayoría de los casos, como refugio de pintores impotentes.

  Opina que no basta manchar las telas; en último extremo, si acaso, puede tolerarse algo de eso después de haber demostrado ser más entero o ‹‹completo››. Así a Goya le consintieron sus contemporáneos los Caprichos, sencillamente porque antes les había metido por la cara sus Majas.

  —¿Influye en ti alguna lectura?

  —Eso no soy yo el más indicado para decirlo.

  —¿Seguirás pintando siempre igual?

  —Sí, por ser este el camino pictórico menos trillado.

  Salen los nombres de algunos pintores españoles fallecidos hace años; en su vejez, por la contínua prensa que tenían, se les consideraba; ahora el tiempo va filtrando las esencias, y los nombres esos resultan huecos, como de semiolvidados epígonos.

  —La gente habla y habla, ¿te afecta la opinión de la gente?

  —En absoluto. Soy un sordo voluntario.

  Si le afectase, hace tiempo que hubiera cambiado, pues él también sabe hacer concesiones, eso que gusta.

  —¿Tienes preferencia, para tus cuadros, por alguna motivación?

  —Por ninguna. Pero mis cuadros están pintados con ‹‹premeditación››… (y alevosía).

  —De no ser pintor, ¿qué te gustaría ser?

  —Cualquier cosa. Por  ejemplo, vendedor de patatitas fritas a la inglesa.

  —¿Qué te preocupa más, el dibujo, el color, la composición, la técnica?

 —Todo ello, por ser estos los ingredientes indispensables que picarescamente combinados y agitados en la redoma del lienzo, dan por resultado ftnal mir artifugios pictóricos.

  —¿Fuiste a alguna academia?

  —A ninguna. Ni lo creo necesario para ser pintor.

  No fué a ninguna academia, pero vió mucha pintura. Pinto pues con conciencia de lo que hace. Recuerda sus años por Madrid, sus horas, horas y horas en el museo del Prado, para el que, por serle más fácil la entrada, había conseguido un pase o carnet de copista.

  —¿Quiénes fueron tus maestros?

  —La tenacidad; pintar más que hablar, y no hacer caso de nada más que de mi mismo.

  Un pintor. Se acabó el tabaco; y la conversación también.

 

LUCIANO CASTAÑON

 

 

 

LA NUEVA ESPAÑA, 15 de abril de 1959

 

“El pintor debe expresar su yo por la pintura“

 

AFIRMA AURELIO SUAREZ

 

“Sí pintase pensando en los demás pintaría otra cosa“

 

  Serio, grave, vestido de negro, con la mirada profunda —profunda de interioridades— Aurelio Suárez, pintor, prepara y observa la disposición de los cuadros para esta Exposición que actualmente tiene en la Caja de Ahorros. Cuando yo vi estas pinturas por primera vez, aún antes de inaugurarse la Exposición, me produjeron una emoción viva y extraña. Era la emoción que produce el verdadera arte; era ese remover, ese despertar de sentimientos, esa conmoción íntima —las más de las veces inexpresable, casi indefinida—, que experimentamos cuando nos encontramos ante una obra de arte. Los fui observando todos, detenidamente. Y, ante cada uno de ellos, yo iba sintiendo un choque.

 

  —No. Yo no intento transmitir ningún mensaje. Yo pinto lo que siento. Tú sabes que en todo hombre hay dos hombres: el interior y el exterior. Y aquí, en mi pintura, es el interior el que se vuelca. El pintor debe expresar su yo por la pintura y solamente por la pintura; lo demás no tiene importancia. No es necesario hablar, ni comentar, ni explicar. Ya queda en ella dicho todo.

 

  Estamos sentados en un diván. Es domingo. Pasan y pasan visitantes. Aurelio Suárez habla de sí mismo.

 

  —Yo soy retraído, tímido, me cuesta trabajo hablar. Necesito conocer antes a la gente. A veces, a mi estudio, llegan personas que vienen a ver mis cuadros. Están una hora, dos horas, tres horas. Yo no hablo apenas. Pero luego, cuando las conozco más, sí que hablo, y mucho. Con las entrevistas hay que tener mucho cuidado; si uno dice algo que no es del todo exacto, en seguida se le echan encima.

 

  Es retraído y tímido; es decir, hombre de intensa vida interior. Piensa en sus cuadros; piensa, hasta que  ya los ve completamente claros, hasta que ya los ve tal como deben quedar: la disposición, el color, las formas. Me enseña un boceto. Hay un jarrón grande, ancho, todo pintado de flores. Una mesa que no es mesa y, en un extremo de ésta, una piedra. ‹‹Pero esta piedra puede ser luego, aún no le sé, otra cosa: una cereza, un reloj, una naranja. Algo que, situado en primer plano, dará impresión de profundidad luego a todos los demás objetos››. Encima, algo que parece un hueso, largo y delgado. Y, sin embargo, tampoco es hueso porque,  al poner el boceto en posición vertical, descubrimos que es también otro jarrón; pero un jarrón fino y delicado. Y aún por encima de éste, un insecto que vuela. El cuadro tiene un fondo negro, a la derecha, que va sucesivamente perdiendo color hasta terminar, a la izquierda, en blanco.

 

  —En esta pintura, todo es cerebral, pensado. Todo va exactamente dispuesto. No hay casualidades. El menor detalle obedece a un motivo determinado. No, no. No es cubista, ni surrealista, ni abstracta. Es diría yo —y me lo dice con una sonrisa, picaresco—, una pintura aurelianense. En realidad, es una pintura onírica. Y, desde luego, muy literaria.

 

  Efectivamente. Yo, al verla, no sé por qué, he pensado inmediatamente en Kafka. Como en algunas obras de este escritor —‹‹La Metamorfosis››— hay en la pintura de Aurelio Suárez visiones extrañas, transposiciones irreales.

 

  —Cuando pinto me abstraigo de todo lo que me rodea. El mundo desaparece. Sí, sí, claro que pinto por placer espiritual. ¿Pensando en los demás? No. Si pensase en ellos pintaría otras cosas. ¿Qué maestros? No sé. La pintura gira, en cada época y en todos los tiempos, sobre unos pocos nombres. En esta es Picasso. A mi toda la pintura me parece buena; toda me enseña algo. Yo procuro ponerme siempre, al mirar los cuadros, desde el punto de vista del pintor.

 

  La entrevista toca a su fin. Entonces le hablo acerca de su firma. Esta firma puesta boca abajo, con un pez encima.

 

  —No. No quiero decir nada. Lo hago siempre así. Incluso en la cartas. Y el pez tampoco. Es algo así como la rúbrica. Yo, en lugar de hacer unos garabatos, pongo un pez. Eso es todo.

 

JOSE MARIA ALIN

 

 

 

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