BIOGRAFÍA

La ciudad de Gijón encierra casi toda la vida personal y artística de Aurelio Suárez. En ella nació el 14 de enero de 1910, y en ella murió el 10 de abril de 2003 después de una existencia tranquila, concentrada en su familia, su oficio, sus muchas aficiones y una labor artística que desarrolló con extraordinaria discreción, regularidad y constancia.

Hijo menor de los tres del matrimonio formado por el capitán mercante Abelardo Suárez Ibaseta y Elvira Fernández, el pequeño Aurelio creció en un ambiente culto y se inició en la pintura tempranamente de la mano de su padre, pintor autodidacta. Durante sus estudios en el Instituto de Jovellanos se aproximó también a las ciencias, que determinaron su primera vocación: la medicina. Para estudiarla, Aurelio se trasladó a Madrid, donde se impregnó de la agitación artística y cultural que animó la ciudad en los años previos a la guerra civil. También llegó a participar activamente en ella con sendas exposiciones en el Ateneo de Madrid y en el Museo de Arte Moderno. Pero el estallido del conflicto truncó su carrera y su prometedora actividad artística.

Después de participar en la contienda, en la que resultó herido, y de breves estancias en Barcelona y Valencia, Aurelio Suárez regresó a Gijón para afincarse definitivamente en su ciudad natal. Allí encontró el trabajo que mantendría ya toda su vida como decorador en una fábrica de lozas y porcelanas, se casó con María Teresa Pomeda Ordóñez en 1948, tuvo su único hijo, Gonzalo, un año después, y establece sus rutinas más queridas: libros, flauta, coleccionismo, caminatas, conversaciones con amigos… Y también recupera en plenitud su actividad artística.

Pero ya es, sobre todo, una actividad de puertas adentro. Aunque realiza exitosas exposiciones individuales en varias ciudades españolas, la actitud de Aurelio es cada vez más la de un artista reconcentrado en su tarea, volcado con un sistematismo y un rigor infrecuentes en la plasmación de un universo marcadamente personal, influido por las vanguardias tanto como por la pintura medieval o el arte popular, que el bautizaría como “aurelianismo”.

A partir de la década de los 60 deja por completo de exponer y se centra en la creación de una vasta obra pictórica en tres formatos invariables casi siempre seriados –óleos, gouaches y bocetos–- y en otros lenguajes, como la escultura o la intervención en objetos.

Por todo ello, el “aurelianismo” no sólo es un cuerpo de obra, sino también una actitud, un sistema y una práctica de la pintura que pueden considerarse como el admirable proyecto unitario de una vida.

 

JUAN CARLOS GEA MARTÍN

 

 

 

The artistic and personal life of Aurelio Suárez is nearly inextricable from the city of Gijón. There, he was born on January 14, 1910, and there he died on April 10, 2003, after living a long, peaceful life devoted to his family, his work, his many passions, and of course to the art he diligently cultivated with extraordinary wisdom, regularity, and deliberation.

The youngest of Merchant Captain Abelardo Suárez Ibaseta and Elvira Fernández’s three sons, the young Aurelio grew up in an environment of learning and began painting very early, at the guidance of his father, himself a self-taught painter. In his studies at Jovellanos High School, he also took an interest in the sciences. This proved pivotal in his decision to become a doctor. Medical studies, however, required him to move to Madrid, where he absorbed the artistic and cultural convulsion which shook the city in the years leading up to the civil war. He actively took part in that convulsion, with expositions in both the Ateneo of Madrid and the Museum of Modern Art. The outbreak of war, though, was soon to cut short both his studies and his promising artistic ascent.

After participating in the conflict –in which he was injured– and spending some time in Barcelona and Valencia, he returned to Gijón to settle down definitively in his hometown. There he found the job which would support him throughout his life, working as decorator in a china and porcelain factory. He married María Teresa Pomeda Ordóñez in 1948 and had his only son, Gonzalo, a year later. Life settled down with his most cherished pastimes – books, the flute, collecting, taking walks, conversation with friends... and in it he soon fully recovered his artistic drive.

This work, though, was interior more than anything. Although Suárez put on successful individual expositions in several Spanish cities, his attitude became increasingly marked by a devotion to the artistic task itself. He poured himself into it, displaying a rare systematic approach and rigor to express a universe marked by his life and influenced by the avant-garde as much as by medieval or popular painting. And so arose what he would call “aurelianismo”.

Starting in the 1960s, he completely stopped giving expositions and focused on creating a vast visual work using three invariable formats, nearly always in series –oils, gouaches and sketches– and other artistic languages, such as sculpture and altered art.

And so “aurelianismo” is not only a body of work, but also an attitude, a system and a painting practice that may be viewed as the admirable effort to unify a life.

 

JUAN CARLOS GEA MARTÍN